| Evangelio según San Lucas (24, 13-18)
Los discípulo de Emaús
(libro « Jesús enjuga tus lágrimas”)
Jesús te toca
Nuestro Dios es un Dios que toca, y no nos quiere solamente
conmover a través de su palabra sino también hacernos el regalo
de su presencia verdadera, de su contacto.
Jesús le apareció después de su resurrección a dos de sus
discípulos, que se encontraban en camino a Emaús :
«Y
sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo
Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban
retenidos para que no lo conocieran. Él les dijo: «De qué
discutís entre vosotros mientras vais andando ?» Ellos se
pararon con aire entristecido.
Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ”Eres tú el único
residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han
pasado en ella ?» Él les dijo: »Qué cosas?» Ellos le dijeron: »Lo
de Jesús el Nazareno, que fué un profeta poderoso en obras y
palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumo
sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le
crucificaron. Nosotros esperabamos que sería él el que iba a
librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres
días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las
nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugda al
sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta
habían visto una aparición de ángeles que decían que él vivía.
Fueron también algunos de los nuestros al
sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a
él no lo vieron.»
Él les dijo: »Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo
lo que dijeron los profetas ! No era
necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su
gloria?” Y, empezando por Moisés y
continuando por todos los profetas, les explicó lo que había
sobre él en todas las Escrituras.
Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir
adelante. Pero ellos le forzaron diciendole: ”Quédate con
nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.” Y entró a
quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con
ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo
iba dando. Entonces se les abrieron los
ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.
Se dijeron uno a otro: »No estaba ardiendo
nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el
camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc
24, 15-32).
Qué
nos puede mostrar hoy éste encuentro de los dos discípulos con
Jesús? Mientras que los dos discípulos intercambiaban los
sucesos de los días pasados, un extraño se les acercó.
En el momento de una aflicción profunda Jesús se
les acerca pero no lo reconocen. Por qué
no notaron que era el mismo Jesús que se les acercó?
Dos
razones se lo impidieron de reconocer a Jesús en medio de ellos:
de un lado los ojos de sus corazones estaban ciegos, y de otro
lado no contaban en su estado de depresión con Jesús.
No nos va también a nosotros cómo a estos dos
discípulos? No perdemos a veces la esperanza y pensamos que todo
fue en vano? Sentimos en la adversidad de
que Jesús va al lado de nosotros? Jesús
empezó simplemente una conversación con ellos y les preguntó
inmediatamente sobre el tema de su conversación. Los discípulos
se miraron sorprendidos, y Cleofás, el primero que recobró la
serenidad no respondió a su pregunta sino entristecido y le hizo
a Jesús una contrapregunta: ”Eres tú el único residente en
Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en
ella?” Jesús ignora esta pregunta y sigue preguntando: ”Que
cosas?”
En
este diálogo se vé la psycología de Jesús.
Jesús conoce cada detalle de nuestra vida hasta
nuestros pensamientos y emociones, asi que no nececita
preguntarnos para saber nuestra situación.
A pesar de eso él actua de este modo porque
quiere que le digamos nuestras preocupaciones y le presentemos
nuestras penas. Cleofás narra cortamente
y de modo pregnante los hechos mas importantes: “Vimos que
Jesús el Nazareno era un profeta poderoso y teníamos la
esperanza de que él iba a ser el prometido quien iba a librar a
Israel, pero fué crucificado. Y ahora la
noticia de que su cuerpo ya no está en el sepulcro y la
afirmación de las mujeres que un ángel les anunció de que vivía,
ha provocado mucha confusión.”
Después de haber escuchado Jesús su narración reprende su
incomprensión y les explica el sentido de las Escrituras
revelandose a si mismo. Los discípulos se sentían profundamente
conmovidos por su presencia y sus palabras, pero a pesar de todo
no abrieron los ojos. La verdad estaba
tan cerca, pero no la veían.
En
qué consistía el problema? Recibían sus explicaciones con la
mente y ignoraban la voz de su corazón. Pero al partir Jesús el
pan sintieron el movimiento de su corazón y fueron conscientes
de que su corazón se conmovió. Los dos
confirmaron de que sus corazones habían estado ardientes durante
que habían hablado con él y mientras que él les había explicado
las profecías sobre él en las Escrituras.
Vamos a preguntarnos de cual forma actuamos nosotros en respecto
a la presencia de Jesús. Pensamos conscientemente que él nos
habla y nos toca cuando nos va mal, o es que no nos damos ni
cuenta que Jesús nos acompaña? Cuántas veces en el pasado actuó
Jesús a través de mano humana, nos mandó un acompañante y nos
dio a través de él ayuda y palabras de esperanza? Cuántas veces
estabamos ocupados con nuestros propios pensamientos, ocupados
de nosotros mismos, asi que estabamos sordos para las palabras
iluminantes de Jesús? Si somos sinceros tenemos que reconocer de
que hemos actuado como los discípulos de Emaús. La respuesta a
nuestras preguntas estaba clara, pero estabamos demasiado
ocupados de nuestros propios pensamientos, nuestra manera de
pensar y hemos dado la espalda a Jesús y a sus palabras. A
pesar de esto Jesús siempre nos acompaña y está dispuesto a
encontrarse con nosotros. Y además nos permite él también de
encontrarle.
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la Eucaristía
(libro « Jesús enjuga tus lágrimas »)
Cuando nos encontramos delante del Santísimo estamos delante de
Jesús, el cual está presente en la hostia en Cuerpo y Sangre,
Divinidad y Humanidad. En cada momento nos bendice y
experimetamos que de veras vive entre nosotros. Las gracias se
derraman de dos maneras en nuestros corazones: de una parte se
derrama la gracia desde el Santísimo en camino directo hacia
nosotros y de otra parte recibimos el poder de la palabra divina
leyendo u escuchando la biblia. El tiempo de la adoración es
un tiempo de mucho valor en cual recibís gracias especiales. |