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ARCHIVO
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2010
grupo de
oración
"La llama eucaristica"
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Grupo de oración La llama
eucarística
15 de january de 2009
Texto bíblico:
Marcos 6, 45-52
Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús enseguida dio
prisa a sus discípulos para subir a la barca e ir por delante hacia
Betsaida, mientras Él despedía a la gente. Después de despedirse de
ellos, se fue al monte a orar.
Al atardecer,
estaba la barca en medio del mar y Él, solo, en tierra.
Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era
contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos
caminando sobre el mar y quería pasarles de largo. Pero ellos
viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se
pusieron a gritar, pues todos le habían visto y estaban turbados.
Pero Él, al instante, les habló, diciéndoles: «¡Ánimo!, que soy yo,
no temáis!». Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el
viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, pues
no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba
embotada.
Reflexiones:
Amados hermanos y hermanas,
Este hermoso pasaje bíblico, nos trae nuevas reflecciones.
¡Como puedo caminar atraves de las dificultades de mi vida?
Despues de predicar Jesús se aparto a orar. Los discípulos se
montaron en la balsa y al anochecer estaban en medio del lago.
Era de madrugada cuando vieron alguien caminado sobre el agua.
Tenían Miedo. Jesús les djo: "No teman, soy Yo". Queridos
hermanos y hermanas, algunas veces tememos por nuestras vidas y
Jesús nos responde: "No teman, soy Yo y estoy con ustedes hasta
el fin del mundo" Jesús tiene otro mensaje muy importante para
nosotros en éste parábola. Después de orar caminó sobre el agua.
Esto significa que la oración ayuda demasiado y nos permite
caminar a través de todas nuestras dificultades. Tengamos en
cuenta que la oración mueve montañas!
Les
deseo un feliz grupo de Oracion
Su hermano que los ama en Cristo
P. Joseph
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Grupo de oración La llama eucarística
29 de enero de 2010
Texto bíblico: Marcos 1, 40-45
Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le
dice: «Si quieres, puedes limpiarme.» Compadecido de él,
extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.» Y
al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió
al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a
nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu
purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva
de testimonio.» Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con
entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía
Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se
quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de
todas partes.
Reflexiones:
Mis queridos hermanos y hermanas:
Este pasaje bíblico nos muestra con claridad la compasión y el
enorme interés que tiene Jesús por todos nosotros.
Él fue movido por la piedad, extendió su mano y tocó al enfermo
diciéndole: “Quiero hacerlo, queda limpio”. El hombre fue
completamente sanado de la lepra y se convirtió en una persona
feliz. Fue tocado por la compasión y la sanación de Jesús, no
sólo en su cuerpo sino también en su alma y, en consecuencia, en
su vida futura. Cuando Jesús toca nuestra vida, ésta se llena de
bendición y podemos llamarla una vida llena de gracia. Hoy
oramos a Jesús, diciéndole:
“Jesús, Hijo del Dios vivo, toca mi vida, mi familia, mi
enfermedad, y todas las cargas de nuestras vidas”.
Les deseo una jornada de oración, llena de gracia en el Señor.
Su hermano en Cristo,
P. Joseph
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Grupo de oración La llama
eucarística
5 de febrero de 2010
Texto
bíblico: Marcos 2, 1-12
Jesús cura
a un paralítico
Entró de
nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se
agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les
anunciaba la Palabra. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro.
Al no
poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde
él estaba y, a través de la abertura que
hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe
de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»
Estaban
allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones:
«¿Por qué
éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios
sólo?» Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban
en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es
más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o decir:
“Levántate, toma tu camilla y anda?” Pues para que sepáis que el Hijo del
hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico -: “A
ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.”»
Se levantó
y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que
quedaban todos asombrados y glorificaban
a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»
Reflexiones:
Mis
queridos hermanos y hermanas:
La Biblia
dice: “Cree en el Señor y verás la gloria de Dios”. Esto es muy cierto. Si
echamos una mirada a nuestra vida cotidiana, nos daremos cuenta de que nuestras
oraciones son respondidas en muchas ocasiones. Y cuando oramos por otros,
también vemos el fruto de nuestra intercesión. La reflexión bíblica de hoy
habla claramente de esto. Unos hombres llevan un paralítico ante Jesús para que
sea sanado. El enfermo está tan incapacitado que no puede hacer nada por su
cuenta, necesita la ayuda de otras personas. Cuando Jesús los ve, les dice que
su fe será la causa de la sanación del enfermo. El paralítico queda sano de
inmediato, toma su camilla y se va. Estas palabras de la Biblia nos entregan un
mensaje maravilloso: es de gran ayuda orar por otras personas. Quizá ellas no
sean creyentes, pero con seguridad nuestra fe tendrá un efecto. En una ocasión,
un amigo mío me contó que había salido de vacaciones y que a su regreso
descubrió que muchas cosas habían sido robadas de su casa. Él empezó a orar por
el ladrón y la oración tuvo efecto. Al cabo de unos días, las cosas fueron devueltas
y colocadas al frente de su casa detrás de la puerta. Nosotros podemos orar por
otros y, de esta manera, permitir que el poder sanador y transformador de Dios
obre un cambio en las personas y en los ambientes que nos rodean.
Les deseo
una jornada de oración, llena de gracia en el Señor.
Dios los
bendiga.
Su hermano
en Cristo,
P. Joseph
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Grupo de
oración La llama eucarística
12 de febrero
de 2010
Texto bíblico: Marcos 1, 29-39
Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a
casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le
hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la
dejó y ella se puso a servirles. Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron
todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la
puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y
expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se
levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su
busca; al encontrarle, le dicen:
«Todos te buscan.»
El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos
vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.» Y recorrió
toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
Mis queridos
hermanos y hermanas:
El texto bíblico de hoy pone de manifiesto la maravillosa
dedicación de nuestro amado Jesús. Todos los seres humanos desean ser felices y
desean tener a alguien que cuide de sus vidas con todo el corazón. Pero
nuestros deseos más profundos a menudo no llegan a ser completamente
satisfechos. No obstante, podemos constatar que
nuestro amado Dios siempre nos cuida con mucha ternura. Y este
conocimiento redunda en un amor más profundo y una mayor confianza en el Señor.
La suegra de Simón estaba enferma, tenía fiebre, y Jesús dedicó un tiempo para
curarla. Esto tiene un significado profundo para nosotros. Jesús tiene tiempo
para nosotros, tiene tiempo para sanarnos, y se ocupa de todos los aspectos de
nuestra vida. Podemos lograr que su amor y su preocupación por nosotros sean
más profundos. ¿Cómo puede ser esto posible? La respuesta es fácil: todos los
días, dedica unos minutos para pensar en su amor y en la manera como Él cuida
de nuestras vidas. Entonces, dile: “Gracias, Jesús”. Esta práctica hace que
nuestro amor y nuestra confianza en Él sean cada vez más profundos.
Les deseo una jornada de oración, llena de gracia en el
Señor.
Su hermano en Cristo,
P. Joseph
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Grupo de oración La llama eucarística
19 de febrero de 2010
Texto bíblico: Marcos 4, 26-34
La semilla que crece sola
También decía: «El Reino de Dios es
como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o
de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por
sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y
cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la
siega.»
La semilla de mostaza
Decía también: «¿Con qué compararemos
el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza
que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que
se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas
las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su
sombra.» Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según
podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos
se lo explicaba todo en privado.
Reflexiones:
Mis queridos
hermanos y hermanas:
La reflexión de hoy gira en torno a la
semilla. Jesús la compara con el Reino de Dios. La semilla de mostaza es muy
pequeña, pero con el tiempo se convierte en un árbol que tiene muchas ramas. Lo
mismo ocurre con la Palabra de Dios, cuando crece en nuestro corazón, pues
tiene una enorme repercusión en nuestra vida cotidiana. La Palabra de Dios
conduce a una fe muy profunda en Él y a tener plena conciencia de la
providencia del Señor en nuestras vidas. También conduce al perdón de los
demás, a llevar una vida auténtica y otras cosas más. La Palabra de Dios es la
semilla, el fuego divino que hay en ella. Así pues, se deduce que nosotros
podemos preparar muy bien nuestro corazón, cultivando la Palabra de Dios en él.
Les deseo una jornada de
oración, llena de gracia y bendiciones en el Señor.
Su hermano en Cristo,
P. Joseph
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Grupo de oración La llama eucarística
26 de febrero de 2010
Texto bíblico: Marcos 6, 7-13
El Maestro instruye y envía a sus
discípulos
Y llama a los Doce y comenzó a
enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les
ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja,
ni calderilla en la faja;
sino: «Calzados con sandalias y no
vistáis dos túnicas.»
Y les dijo: «Cuando entréis en una
casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no
os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros
pies, en testimonio contra ellos.»
Y, yéndose de allí, predicaron que
se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos
enfermos y los curaban.
Reflexiones:
Mis queridos hermanos y hermanas:
Hoy vamos a reflexionar acerca de la
misión de los doce apóstoles. Jesús los llamó especialmente para proclamar el
Reino de Dios, y les dio autoridad para predicar y para sanar a las personas.
Por esto, los discípulos proclamaron el Reino de Dios con todo el poder.
Predicaron el arrepentimiento y, de esta manera, transformaron muchos
corazones. Jesús aún continúa su misión con la ayuda de todas las personas. Si
bien Él eligió a muchos para este propósito específico, todos estamos llamados
a continuar su misión aquí en la tierra. Esta misión es para todos sin
excepción. Así que debemos estar agradecidos con los apóstoles y todos sus
seguidores. Incluyamos en nuestras oraciones diarias a nuestro Papa, a los obispos,
los sacerdotes, los religiosos y religiosas. Nuestra oración y nuestro amor los
fortalecerán en su misión.
Les deseo una jornada de oración,
llena de gracia y bendiciones en el Señor.
Su hermano en Cristo,
P. Joseph
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Grupo de oración La llama
eucarística
Marzo 5 de
2010
Texto bíblico: Mateo 16, 13-19 EL DIOS VIVO
Llegado Jesús a la región de Cesarea
de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?»
Ellos
dijeron: «Unos, que Juan el
Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de
los profetas.» Díceles
él: «Y vosotros ¿quién decís que soy
yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el
Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo:
«Bienaventurado eres
Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la
carne ni la sangre, sino
mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que
tú eres Pedro, y
sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades
no prevalecerán
contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y
lo que ates en
la tierra quedará atado en los cielos, y lo que
desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»
Reflexiones:
Mis queridos hermanos y hermanas:
El amor y el cuidado de Dios
proveerá fortaleza y poder en nuestra vida. Nuestro Dios es un Dios vivo: esta
afirmación no es una ficción, es la realidad. Jesús les pregunta a sus
discípulos: “¿Qué dicen ustedes acerca de mí?”. Pedro responde: “Tú eres el
Mesías, el Hijo del Dios vivo”. Entonces Jesús le dice a Pedro: “Has contestado
bien y esto te ha sido revelado por el Espíritu Santo”. Podemos, entonces,
guardar esta gran verdad en nuestro corazón y reflexionar acerca de ella.
Tenemos un Dios vivo, lleno de poder, todopoderoso. En esto radica nuestra fortaleza,
nuestro poder, nuestra alegría. ¡Es algo que suaviza nuestras vidas!
Les deseo una jornada de oración, llena de gracia y fortaleza en el Señor.
Oraré por ustedes. Ténganme presente en sus oraciones.
Su hermano en Cristo,
P. Joseph
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Grupo de oración La llama eucarística
Marzo 12 de 2010
Texto bíblico: Lucas 5, 1-10
Estaba él a la orilla del lago
Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando
vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado
de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón,
le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la
barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar
adentro, y echad vuestras redes para pescar.» Simón le respondió: «Maestro,
hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu
palabra, echaré las redes.»
Y, haciéndolo así, pescaron gran
cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a
los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues,
y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó
a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre
pecador.» Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban,
a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos
de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde
ahora serás pescador de hombres.»
Reflexiones:
Mis queridos hermanos y hermanas:
Cerca del lago Jesús vio a Simón
Pedro, quien lavaba su red de pescar. Simón había trabajado durante largo
tiempo y se encontraba completamente triste, pues no había logrado pescar nada.
Jesús le dijo: “Boga mar adentro, y echen sus redes para pescar“. Él obedeció y
pescó una gran cantidad de peces. Y se puso feliz de haber logrado esto. ¿Por
qué? Porque él le hizo caso a las palabras del más grande pescador. Nosotros
podemos aplicar este mensaje a nuestra vida diaria. Muchas veces sentimos que
las cosas no marchan bien o que, simplemente, fracasan . Sin embargo, ¡cree!
¡El gran pescador está a tu lado! Pregúntale, consúltale y echa tu red al
inmenso mar. Luego verás la gloria de Dios.
Les deseo una jornada de oración
llena de gracia, en el Señor.
Su hermano en Cristo,
P. Joseph
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Grupo de oración La llama eucarística
Marzo 19 de
2010
Texto bíblico: Lucas 15, 11-32
Dijo: «Un hombre tenía dos hijos; y
el menor de ellos dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me
corresponde.” Y él les repartió la
hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país
lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
«Cuando hubo gastado todo, sobrevino
un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y
se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a
apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían
los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: “¡Cuántos
jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre
y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado
hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.” Y, levantándose, partió hacia
su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se
echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra
el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.” Pero el padre dijo a
sus siervos: “Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su
mano y unas sandalias en los pies. Traed
el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo
mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” Y
comenzaron la fiesta. «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se
acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados,
le preguntó qué era aquello. El le dijo: “Ha vuelto tu hermano y tu padre ha
matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.” El se irritó y no
quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre:
“Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero
nunca me has dado un cabrito para tener
una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha
devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!”
«Pero él le dijo: “Hijo, tú siempre
estás conmigo, y todo lo mío es tuyo;
pero convenía celebrar una fiesta y
alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida;
estaba perdido, y ha sido hallado.”»
Reflexiones:
Mis queridos hermanos y hermanas:
Esta parábola nos habla de la
maravillosa misericordia de Dios. Cuando una persona se arrepiente de su
pecado, Dios está dispuesto a volverla a aceptar y darle la bienvenida. La
Biblia dice que Jesús no vino a este mundo para castigarnos, sino para
ayudarnos a llegar al Reino de Dios. Pensemos en nuestra vida: ¿qué tan lejos
estamos de nuestro amoroso Dios? ¿Qué tan sinceros somos en nuestra vida?
Podemos pedir la ayuda del Espíritu Santo para lograr ser buenos con Dios y con
nuestro prójimo. ¡Dios los bendiga a todos!
Su hermano en Cristo,
P. Joseph
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Grupo de oración La llama eucarística
26 de marzo de 2010
Texto bíblico: Lucas 9, 22-25
Dijo:
«El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los
sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.» Decía a
todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz
cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien
pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber
ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?
Reflexiones:
Mis queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio
nos habla: “Toma tu cruz de cada día, y sígueme”. Todos tenemos una cruz diaria
y, en ocasiones, podemos conocer el significado que ésta tiene. Pero muy a menudo
nos es difícil comprenderlo. No obstante, debemos mantener en el corazón las
palabras de Jesús. Una cosa es segura: existe una lección o un significado
espiritual respecto a la cruz que debemos cargar en nuestra vida. Hoy podemos
pedirle a Jesús: Revélame, Señor, el verdadero significado de mis sufrimientos
diarios y concédeme la gracia especial de seguirte no sólo en los momentos
felices, sino también en tiempos de prueba y dolor.
Les deseo una jornada de oración, llena de gracia en el Señor.
Su hermano en Cristo,
P. Joseph
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Grupo de oración La llama eucarística
Abril 9 de 2010
Texto bíblico: Juan 21, 1-14
Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a
orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban
juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná
de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón
Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También
nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella
noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la
orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús:
«Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No.» El les dijo:
«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron,
pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El
discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor»,
se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar. Los
demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los
peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre
ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis
de pescar.» Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces
grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió
la red. Jesús les dice: «Venid y comed.» Ninguno de los discípulos
se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el
Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo
el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los
discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Reflexiones:
Mis queridos hermanos y hermanas:
Jesús se apareció a sus discípulos muchas veces. Su propósito era
probar, con su presencia, que Él estaba con ellos y que les tendía
su mano amorosa. Nuestra reflexión de hoy se centra en los
discípulos que van de pesca. Ellos no tienen suerte y no atrapan
ningún pez. Se sienten completamente insatisfechos, pero Jesús
escoge este preciso momento para aparecérseles y brindarles su
ayuda. De esta manera, los discípulos se hacen conscientes de la
presencia amorosa de Jesús y se convierten en verdaderos testigos
del Reino de Dios. Éste es un mensaje poderoso para nosotros: Jesús
está con nosotros y nos ofrece su ayuda en todo momento. Podemos
orar para pedir que sintamos un amor más profundo por Él y una mayor
fe en su constante presencia.
Les deseo una jornada de oración llena de gracia, en el Señor.
Su hermano en Cristo,
P. Joseph |
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