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Grupo de oración La llama eucarística
Abril 9 de 2010
Texto bíblico: Juan 21, 1-14
Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a
orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera.
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael,
el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus
discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan
ellos: «También nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a la
barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció,
estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era
Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le
contestaron: «No.» El les dijo: «Echad la red a la derecha de la
barca y encontraréis.» La echaron, pues, y ya no podían
arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien
Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el
vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar. Los demás
discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los
peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos
codos. Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un
pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los
peces que acabáis de pescar.» Subió Simón Pedro y sacó la red a
tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun
siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y
comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle:
«¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces
Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue
ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos
después de resucitar de entre los muertos.
Reflexiones:
Mis queridos hermanos y hermanas:
Jesús se apareció a sus discípulos muchas veces. Su propósito
era probar, con su presencia, que Él estaba con ellos y que les
tendía su mano amorosa. Nuestra reflexión de hoy se centra en
los discípulos que van de pesca. Ellos no tienen suerte y no
atrapan ningún pez. Se sienten completamente insatisfechos, pero
Jesús escoge este preciso momento para aparecérseles y
brindarles su ayuda. De esta manera, los discípulos se hacen
conscientes de la presencia amorosa de Jesús y se convierten en
verdaderos testigos del Reino de Dios. Éste es un mensaje
poderoso para nosotros: Jesús está con nosotros y nos ofrece su
ayuda en todo momento. Podemos orar para pedir que sintamos un
amor más profundo por Él y una mayor fe en su constante
presencia.
Les deseo una jornada de oración llena de gracia, en el Señor.
Su hermano en Cristo,
P. Joseph
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